Dípticos de la instalación: “Stalker in the land” que es una interpretación personal y creativa, nada lineal ni exhaustiva del film Stalker, que tampoco pretende en absoluto ser una versión sobre el film, es por lo tanto más bien una metáfora de un film que ya de por sí utiliza un lenguaje metafórico; es un trasvase de imágenes e ideas a otro medio artístico diferente...pdf del proyecto

Tierra adentro-Stalker.

José María Marbán, en esta exposición, retoma la senda iniciada con sus mencionadas series Four Season Rooms y Four Rooms, un conjunto de imágenes que emanan una “fingida neutralidad”, en palabras de José Gómez Isla, debido en gran medida a “la aparente frialdad e imparcialidad del objetivo fotográfico”1. Y es que al hablar de estas series lo estamos haciendo de la parte más documental de la obra de este autor, un documentalismo marcadamente subjetivo, heredero de otros fotógrafos-pintores como Darío Villalba o Christian Boltanski, el cual dicen que dice: “La fotografía es el reportaje, lo demás es pintura”2.

 

Siguiendo con esta travesía tierra adentro llegamos a “La Zona”, un espacio más conceptual que físico, propiamente dicho, y una de sus mayores influencias. Nos referimos a la película Stalker, que realizó en 1979 el cineasta Andréi Tarkovski, una obra y un creador descubiertos por Marbán en 1986, momento en el que Tarkovski contaba ya con una relevante fama internacional. La epifanía se produce cuando el director soviético recibe la Espiga de Oro en la Seminci, el conocido festival de cine de Valladolid, por su trabajo Sacrificio. En ese momento, y en homenaje a su trayectoria, se proyecta toda su filmografía, incluida Stalker, su anterior trabajo, reconocida en los siguientes años como su gran obra maestra.

 

A la vista de los datos, por un lado, y de las imágenes, por otro, resultan en cierta medida llamativas las conexiones entre ambos autores; los fotogramas de la post-apocalíptica Stalker y algunas de las últimas imágenes de Marbán (por ejemplo Naturaleza cambiante y, cómo no, Stalker) nos resultan, en cierta medida, hermanadas. Sin embargo, la película fue rodada en distintas ex-repúblicas soviéticas 3 en los años 70 y las fotografías han sido tomadas en pleno siglo XXI, en “varios lugares de Castilla y León, planteando un trabajo y estudio de su realidad más próxima”4, una realidad de la que también forma parte la película, tal y como acabamos de ver.

 

No termina ahí este juego de relaciones, ya que “parece como si Marbán hubiera creado una gran escenografía en la cual estamos esperando que de un momento a otro entren los actores (…) algo tiene que ocurrir de forma necesaria e inminente”5, una sensación que sobrevuela igualmente sobre casi todo el transcurso de Stalker, mientras vemos la película parece que estamos esperando que ocurra algo, cuando en realidad está ocurriendo todo el tiempo; una sensación que se acentúa en estos tiempos, acostumbrados como estamos (como quieren que estemos) a los productos vistosos pero vacíos como Transformers.

 

1 GÓMEZ ISLA, José: “Four Seasons Room” en Four Seasons Room (Catálogo exposición), Salamanca, Domus Artium 2002, 2015, p. 4.

2 MOYÁ, Adelina: “Darío Villalba. El eterno retorno” en 1957-2001 (catálogo exposición), San Sebastián, Kursaal, p. 54.

3 http://www.imdb.com/title/tt0079944/locations?ref_=tt_dt_dt

4 GARCÍA MARTÍNEZ, Luis: “El paisaje natural como territorio de exploración y reflexión creativa” en Four Rooms 2005-2013 (catálogo exposición), León, Instituto Leonés de Cultura-Diputación de León, 2013, p. 12.

5 Ibíd., p. 13.

(Parte del texto de Juan Gil Segovia) pdf    |   Leer el escrito completo en en la  Página de Textos.

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